Me
queda un regusto amargo en la boca. Cuando veo que los recuerdos pueden perderse
con el paso de los días bajo el tiempo que transcurre con designios
implacables. Tú me enseñaste a detener la mala suerte, sortear el golpe inesperado, dejar salir al miedo y hospedar al sueño inacabado. Y aquí
estoy en la barcaza, con tus cenizas deslizándose entre mis manos hacia el
bravo mar que tanto amaste.
En la hora prima de la mañana me conjuro en recordar tus mejores frases de optimismo. Antídoto perfecto para
olvidar la palabra vacía de este incómodo silencio.
El Mingus
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