PREMONITORIAS
Todo empieza en el día de decir adiós a alguien desempolvando los fogueados discos de los estantes. Saco el primero de la funda de cartón. Tras limpiarlo con un pequeño cepillo de terciopelo rojo y con sumo cuidado, lo aposento bajo la aguja del tocadiscos de madera que habita sobre la cómoda. Los altavoces desparraman armonías musicales hacia el aire de media tarde con un sonido agradablemente orgánico. Me siento en la silla de cuero verde que ha hospedado decenas de culos en la casa familiar. Expulso el humo, apago el pitillo y me deleito con la diversidad de diseños de las diferentes portadas. Las dimensiones del formato han permitido realizar auténticas maravillas durante décadas*. Constato nuevamente como ya desde su época de mayor apogeo, la conexión buscada entre el argumento gráfico y sonoro se trabaja con sumo mimo, entrando en algunos casos hacia una simbiosis perfecta. Definitivamente, el grafismo de las carátulas que acompaña a la grabación sonora se manifiesta como una carta de presentación perfecta y crucial para su venta.
Y es que la confirmación de la belleza del disco de vinilo, la podemos apreciar cuando vemos a nuevas generaciones de artistas románticamente empecinados en seguir publicando sus trabajos en este fantástico formato. Posicionándose como un tenaz disidente contra la dictadura de la era digital.
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Nota * Os confesaré mi debilidad por las portadas de música jazz/soul de los años 50 y primer lustro de los 60 (sXX). Esos diseños me embelesan. Fueron los inicios, y artes como la ilustración, pintura o fotografía eran llamadas a participar.
La afición por el visionado de las cubiertas fonográficas, me ha llevado a investigar sobre algunos de los hechos más renombrados desde los primeros días de su invención. Vamos a ello:
No voy a adentrarme en la historia del registro sonoro analógico y su reproducción con dispositivos de discos planos giratorios. El temario es demasiado extenso como para profundizar por aquí pues deberíamos remontarnos hacia finales del s. XIX. Del fonógrafo al gramófono y de ahí al tocadiscos. Del disco de goma al definitivo vinilo, más resistente, de mayor capacidad y velocidad de rotación. Así que me centraré a “grosso modo” en el diseño artístico de sus carátulas a partir de ciertos momentos de inflexión relevante.
Alrededor de 1940 se crea un novedoso concepto para el empaquetado de los discos sonoros: “La Portada”. La flamante idea se basaba en implementar técnicas de diseño gráfico en las cubiertas, consiguiendo un mayor atractivo artístico en el producto final. (Hasta entonces, la simplicidad de su empaque era a base de papel de estraza con una obertura central). El hecho acontece en la sede de Columbia Records, y se dice que el responsable de ello fue un tal Alex Steinweis. Los álbumes digitales, empezando por el CD (años 80) y llegando a los actuales, siguen basándose en ese concepto.
Se aproxima la década de los 50 y emergen jóvenes artistas que prescindiendo del Art-déco, se inspiran principalmente por aquella corriente que fue la Bauhaus alemana de los años 20 y su evolución hacia el expresionismo abstracto. Esto hace que den rienda suelta a su creatividad, plasmando brillantes y divertidas creaciones de geometría abstracta y colores intensos. Neil Fujita por ejemplo, trabajaba ese arte modernista en sus cuadros y posteriormente los utilizaba en los diseños para Columbia. Entre muchas otras, la fantástica Time out del músico Dave Brubeck. Fuera de esa órbita deambulaba también por aquellos despachos el dibujante Jim Flora y sus travesuras ilustradas.
Pero fue la discográfica neoyorkina Blue Note (especializada en Jazz) quien se posicionó a la delantera de la modernización del concepto gráfico. Allí se crearon tipografías estilísticamente innovadoras, siendo Red Miles su gran abanderado. Sirva como primerísimos ejemplos la espectacular The Rumploller de Lee Morgan, el Hub-tones de Freddie Hubbard o el posterior Midnight Blue de Kenny Burrell. Esa extraordinaria creatividad tipográfica, el uso de duotonos, encuadres y manipulación fotográfica, llevó a Miles a crear y desarrollar un estiloso e inconfundible diseño que marcó una época y un camino a seguir. El ingenioso fotógrafo y directivo alemán de Blue Note, Francis Wolff, fue su colaborador un largo tiempo. (Recomendadísimo un libro que pasó por mis manos una vez: “Jazz Covers” de Joaquim Paulo)
En consecuencia, todo un nuevo movimiento estilístico que llegó incluso al celuloide, convirtiendo los créditos de entrada de algunas películas en auténticas obras de arte.
Acabo de percatarme que también me ensimisman ciertas portadas de décadas posteriores. La psicodelia, crudeza y glam de lo 70’s (la cubierta de Ziggy por supuesto) continuando por una gran diversidad de etcéteras que llegan hasta nuestros días mereciendo ser detallados en otra ocasión. Incluso los descubrimientos de los trabajos creados por artistas de territorios fuera del anglosajón, incluido el nuestro, me han resultado curiosos.
En fin, tampoco quiero sentar cátedra, pues no deja de ser puro divertimento melómano. El tema es tan extenso que daría para horas, tertulias y litros de tinta. Sin olvidar claro está, que cada persona atesora conocimientos, gustos y debilidades particulares.
Por cierto, no tiene nada que ver… o quizás sí:
Hace unos días visioné Sisters wiht Transistors, un excelente metraje relacionado más con la temática sonora que no gráfica. En él se desgrana la historia de varias mujeres talentosas, entre ellas Delia Derbyshire y Daphne Oram. Formaron parte de ese grupo de personas pioneras de la música concreta y electrónica. Apasionadas de las matemáticas, empezaron su andadura más interesante en los años 50 (s XX), llegando a trabajar como ingenieras de sonido en los laboratorios experimentales de la BBC. Aparte de diseñar técnicas y artilugios mecánico-electrónicos, estas dos mujeres llegaron a crear música y sonidos originales para radio, cine y tv. Desde la sintonía de la mítica serie televisiva “Doctor Who” a novedosos efectos para películas (las de James Bond, por ejemplo)
Detecto que podría seguir, divagar, seguir y seguir. Así que lo dejaremos aquí por ahora.
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Como iba diciendo… los vinilos rotan en el tocadiscos de madera que habita sobre la cómoda. La amalgama de géneros musicales se desparrama por los altavoces. Acompaño la escucha con una ratafía, camisa rumbera, pitillos de liar, las gafas de cerca y las aventuras de John Dunbar entre las manos.
Noche ociosa e inspiradora.
Algo de discografía anterior👈
(“John Dunbar” personaje del libro Basilísco de Jon Bilbao)
(Puedes encontrar información sobre la historia del empaque fonográfico en infinidad de libros y medios digitales, descubriendo en cada uno de ellos diferentes enfoques y nuevos datos. Ahí van un par de ejemplos:
https://apoloybaco.com/jazz/historia-de-la-portadas-en-el-disco-de-jazz/
https://www.jotdown.es/2015/06/las-mejores-portadas-de-la-historia-de-la-musica/ )


